Desaprender con Marcos Andres Antil

MARCOS ANDRÉS ANTIL

 MarcosAndresAntil
Columnista en Prensa Libre/ Guatemala

A lo largo de nuestra vida adoptamos valores, conductas, hábitos y esquemas mentales. Nuestra forma de ver y entender la vida, de procesar las cosas y de proceder, indiscutiblemente están influenciados por los patrones de conductas y valores que configuran el imaginario sociales

De ahí que se afirma que el aprendizaje es fundamental en el desarrollo intelectual, el cual a su vez cumple la función de construir rutinas, procesos técnicos y destrezas con los que enfrentamos la vida y buscamos lograr el cometido de transformar nuestra realidad.

En ese contexto, hoy quisiera abordar un concepto que es aplicable en todas las esferas de la vida y que de una u otra forma es objeto de estudio. Seguramente más de algún lector lo ha escuchado y lo conoce. Se trata de la idea del “desaprender” como motor del cambio y de la innovación.

Aunque parezca contradictorio, desaprender no es contrario a aprender. Consiste en desechar hábitos que nos impiden avanzar, tener una visión más amplia de las cosas; romper esquemas y paradigmas, replantear nuestra cosmovisión e incluso cuestionar verdades dogmatizadas.

Recientemente leí en un post del psicólogo social Virginio Gallardo, esta frase: “Más importante que aprender nuevas cosas, el reto de la innovación es desaprender lo que nos han enseñado”, donde plantea un decálogo de principios para lograr ese objetivo. Enric Cobera, en la introducción de su libro El arte de desaprender, dice con relación al desaprendizaje: “No se trata de quemarlo todo, ni de destruir nada, se trata de transformarse, de cambiar la forma de ver y entender la vida”.

En la era del conocimiento y en una época en la que nuestras sociedades transitan procesos de cambios en todos los ámbitos de la vida, ya no es suficiente solo el aprender. Se hace vital adoptar el desaprendizaje como herramienta para adaptarnos a las nuevas realidades y las nuevas exigencias del mundo moderno.

Sin ir muy lejos, por ejemplo, que nuestro sistema educativo aún está muy lejos de responder a las necesidades actuales. La formación a nivel medio como superior sigue enfocada en graduar fuerza laboral sin mayor cualificación. Contrario, debería priorizar la formación de nuevos emprendedores, innovadores, científicos o profesionales con una alta visión gerencial.

En nuestra cotidianidad, cuando caminamos, viajamos en auto o en el transporte público, incluso si salimos a recrearnos, prevalece entre nosotros la desconfianza y la violencia. A nivel de las instituciones, sobresale el desprestigio y la corrupción. Un nuevo enfoque nos ayudaría avanzar hacia la construcción de otras formas de relacionarnos, basadas en la confianza, la solidaridad y respeto de nuestra diversidad.

Personalmente, insisto en la necesidad de un cambio de mentalidad de cada uno para lograr una sociedad diferente —moderna y desarrollada—. Hoy encuentro en el paradigma del desaprender ese motor para encontrar otros caminos para llegar a ese objetivo.

Independientemente del ámbito en que pretendamos aplicar este nuevo paradigma, lo que está claro es lo que hace unos años dijo el académico español Eduardo Punset: “Desaprender lo sabido es ahora mucho más importante que aprender cosas”.

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